El rol del omega-3 en la salud mental y el funcionamiento cerebral

Jan 08, 2026By Dr. Cristian Vallejos Vega
Dr. Cristian Vallejos Vega

Comprendiendo los ácidos grasos omega-3

Los ácidos grasos omega-3 son grasas poliinsaturadas esenciales, lo que significa que el organismo humano no puede sintetizarlas por sí mismo y deben obtenerse a través de la alimentación. Dentro de este grupo, los más relevantes para la salud cerebral son el EPA (ácido eicosapentaenoico) y el DHA (ácido docosahexaenoico), fundamentales para el desarrollo, la estructura y el funcionamiento del sistema nervioso central.

Se encuentran principalmente en pescados grasos como el salmón, la sardina y el jurel, así como en fuentes vegetales como la linaza, la chía y las nueces, que aportan ALA (ácido alfa-linolénico), precursor metabólico del EPA y DHA.

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Relación entre omega-3 y salud mental

Durante las últimas décadas, la investigación científica ha mostrado una asociación consistente entre el consumo de omega-3 y diversos indicadores de salud mental. Estos ácidos grasos participan en la modulación de neurotransmisores como la serotonina y la dopamina, influyen en la fluidez de las membranas neuronales y regulan procesos inflamatorios que afectan directamente al funcionamiento cerebral.

Desde una perspectiva psiquiátrica, esto resulta especialmente relevante, ya que la inflamación de bajo grado y las alteraciones en la neurotransmisión están implicadas en múltiples trastornos mentales.

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Reducción de síntomas depresivos y ansiosos

Uno de los beneficios más estudiados de los omega-3 es su efecto en los trastornos del ánimo. Meta-análisis recientes sugieren que la suplementación con omega-3 —especialmente formulaciones con mayor proporción de EPA— puede reducir de forma significativa los síntomas depresivos, tanto en depresión mayor como en cuadros subclínicos.

En ansiedad, aunque la evidencia es más heterogénea, varios estudios indican que los omega-3 pueden contribuir a una mejor regulación emocional, posiblemente mediada por su acción antiinflamatoria y neuromoduladora.

Es importante destacar que los omega-3 no sustituyen un tratamiento psiquiátrico formal, pero pueden actuar como un coadyuvante terapéutico en contextos bien indicados.

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Mejora de la función cognitiva

El DHA es un componente estructural clave de las membranas neuronales, especialmente en la corteza cerebral y el hipocampo. Su presencia adecuada se asocia con una mejor plasticidad sináptica, memoria y velocidad de procesamiento cognitivo.

En población adulta mayor, un consumo adecuado de omega-3 se ha vinculado a un menor deterioro cognitivo y a un posible efecto protector frente al envejecimiento cerebral, aunque los resultados dependen de factores como dosis, duración y estado basal del individuo.

 
Apoyo a la salud cerebral global

Más allá de síntomas específicos, los omega-3 contribuyen a la salud cerebral general al reducir el estrés oxidativo y la neuroinflamación, procesos implicados en enfermedades neurológicas y psiquiátricas como la depresión, los trastornos neurodegenerativos y algunos trastornos del neurodesarrollo.

Mantener niveles adecuados de omega-3 a lo largo de la vida se asocia con un cerebro más resiliente frente al estrés biológico y psicosocial.

 
¿Cómo incorporar omega-3 en la alimentación?

Algunas recomendaciones prácticas incluyen:

  • Consumir pescado graso (salmón, sardina, jurel, caballa) al menos 2 veces por semana
  • Agregar semillas de chía o linaza molida a yogures, ensaladas o batidos
    Incluir nueces como colación habitual
  • Considerar suplementos de omega-3 en casos de restricción dietaria, bajo orientación profesional
  • En suplementación, la dosis y la proporción EPA/DHA deben individualizarse según el objetivo clínico.

La importancia de la constancia

Los beneficios de los omega-3 no son inmediatos. Su efecto depende de un consumo regular y sostenido en el tiempo, integrado dentro de un patrón de alimentación saludable y un abordaje integral del bienestar mental.

Los ácidos grasos omega-3 desempeñan un rol relevante en la salud mental y cerebral, con evidencia sólida en la reducción de síntomas depresivos, apoyo cognitivo y regulación neuroinflamatoria. Incorporarlos de forma consistente en la dieta —o como complemento cuando está indicado— puede ser una estrategia útil dentro de un enfoque preventivo y terapéutico más amplio en salud mental.

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Referencias bibliográficas

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